Recitando a la reina de mayo.


Recupero esta sección de la anterior Route, y tal cual suena, "cosas" que cuento aquĆ­ y que nunca os contĆ©, o mejor dicho, que nunca conte a la pĆ”gina en blanco, fiel divĆ”n, aunque si bien entonces me dedicaba a amargar al respetable con historias para no dormir, espero no aburrir demasiado con estas historietas que escribo simplemente para mĆ­ y para quien le apetezca, como si de una conversación birra en mano se tratara, con el gran defecto de no poder intercambiar impresiones con un interlocutor, nada es perfecto, o si, ahĆ­ quedó el Stairway To Heaven. 

Hace poco dediqué una reseña al IV de Led Zeppelin, desde ese momento entré en fase "on" con el zepelín y "off" con el mundo entero, y entre que los posts se distancian entre si, y alejÔndose, la actualidad me observa desde el espejo retrovisor, voy atravesando una de esas épocas guadiana que un día se esfuma bajo tierra pero sigue latente, eso sí, cuando el agua corre por la superficie va rauda y caudalosa hasta la desembocadura. Y todo me viene por esta obra de arte de la cultura popular de la humanidad de los últimos cien años, canción impertérrita e inamovible en los mix grabados en cassette y adorada por todos hasta la saciedad incluso por quienes dicen que les gusta Led Zeppelin y no saben que no es así. De su solo de guitarra se dice que es el mejor de la historia del rock, yo no pondré la mano en el fuego, las consideraciones absolutas excluyen en demasía el resto, todo es relativo, en mi rankin estÔ allÔ arriba, pero a Jimmy Page mÔs que el mejor guitarra de la historia le considero el que mayor partido supo sacarle a las pentatónicas, sabía economizar sus movimientos y digamos que con ingenio conseguió resultados muy vistosos, eso también es genialidad, no nos engañemos, y por supuesto, Robert Plant que posiblemente es el vocalista que mejor sabe gritar los "baby" en la historia del rock, soul&pasión sin control, no me dejaré por alabar al mismo nivel a la sección rítmica, John Paul Jones, el profesor y aventajado músico, y Bonham, el único batera que puede toserle a Keith Moon en su potente brutalidad de relojería.

Al trapo. Acabemos de entrada con las muchas rimas y leyendas, desde aquella radio que en su momento puso la canción 24h seguidas desafiando los cÔnones establecidos de canción radiable, corta y comercial, hasta la que mÔs me gusta, como cuenta la leyenda urbana, de la tienda de instrumentos de renombre que prohibió tocar la canción a todo aquel que quisiera probar una guitarra por hartazgo de los dueños, canción ciertamente muy tocada, radiada y manoseada, y como no, con su leyenda negra de plagio como toda buena canción que se precie en el repertorio del Zepelín. Pero yo venía aquí a hablar de mi libro, de cuando descubrí la canción y de lo que nos fascinaba a mis amigos y a mí.

Entonces andÔbamos unos cuantos chavales intentando montar una radio local con la ayuda del ayuntamiento, lo sé, éramos muy ingénuos y creíamos que nuestra pasión desbocada por la radio, por la música y por la cultura en general nos harían vencer cualquier contratiempo. Montamos nuestra asociación, y nos reuníamos periódicamente para confeccionar la parrilla, nos dejaron la Casa de la Juventud y dividimos trabajo, nos hicimos escuchar, llamamos a todas las puertas posibles, desde arriba hasta abajo, y finalmente lo conseguimos... a medias. Es curioso porque entonces el gobierno era de izquierdas (ahora que es de derechas ni os cuento), pero el pensar era el de siempre, intereses políticos y tal, claro, para que nosotros tuviéramos presupuesto, de otro sitio se tenía que retirar aunque no hiciera falta, la inversión era bien poca, pero a alguien de la TV local le debió molestar según nos contó un contacto infiltrado, aquello era una merienda de unos pocos y nosotros un grano en el culo. Finalmente, nuestra movilización logró el presupuesto ansiado, nos otorgaron dos grandes habitaciones, nos montaron la pecera, compramos equipo, mesas y sillas, micros, un lustroso dat para los masters, un gran mesa de mezclas, e insonorizamos todo el habitÔculo con las famosas cajas de cartón de huevos. Pero llegado el momento de la verdad, de la concesión de la frecuencia, todo se desvaneció, claro, un grupo de jóvenes entusiastas dispuestos a trabajar por amor al arte y sin ningún favoritismo partidista, no interesaba. Algo no cuadraba.

En poco tiempo la radio sufrió numerosos abandonos por mera desilusión, estaban consiguiendo su meta, el día que el presidente de la radio dimitió por puro cansancio y con una apatía mÔs que considerable por todo el tedioso tinglado, tímidamente levanté la mano para un último intento... sin éxito. Durante un verano aquella radio se convirtió en un centro de encuentro de unos cuantos colegas que nos reuníamos allí a tocar la guitarra, a charlar, a grabar nuestros proyectos de programa, en definitiva a agarrarnos a nuestro sueño antes de que se desvaneciera, momento que llegó el día que nos robaron parte del equipo, misteriosamente, la puerta interior estaba forzada pero la de la calle no, aquello eran habas contadas, vino el policia municipal, hizo el paripé, se tomo sus notas, plantó denuncia formal, y lo que tenía que pasar, agua de borrajas, no trascendió y volvió todo a su cauce, o mejor dicho, al cauce de unos cuantos. Poco tiempo después supimos quien entró y de parte de quien, lamentable, no continuamos adelante, finalmente consiguieron su propósito de acabar con la ilusión, la juventud y las ganas de comerse el mundo, eso que llaman la pérdida de la inocencia. Hay que ver como hemos dejado que cuatro impresentables se hagan con todo, todos los mismos perros con diferente collar, hay como para perder la esperanza en la raza humana, bueno... ahora parece que asome un poco de luz al final del túnel.

Y todo este rollaco (véis porque escribo poco, no me da tiempo a terminar nada ja ja ja ja) viene por esta canción que nunca me cansa, ni me cansarÔ. Antes del cierre definitivo de aquella radio, decidimos aquel mismo verano hacer un debate en torno a esta canción, mÔs que un día fue una noche a altas horas de la madrugada, a mi me tocó el papel de moderador y los controles al otro lado de la pecera, y otros tres tertulianos colegas en la mesa con sus micros, para la ocasión traía conmigo un número de la revista Free Rock con Gun en la portada, aun la tengo, en ese número se traducían unas cuantas canciones entre ellas Stairway To Heaven. Como jóvenes e impresionables que éramos nos fascinaba la leyenda negra detrÔs de la canción, el famoso doble sentido, el mensaje satÔnico que no llegÔbamos a entender y el misterio místico de sus versos, así que la verdadera finalidad de aquel coloquio ó misa negra, como prefirÔis, era llegar al centro del meollo, sacar toda la esencia de aquella canción, descubrir que guardaba y que oscuros mensajes vertía en el oyente.

Para empezar el programa dĆ­ al play y sobre la mĆŗsica fui recitando aquellos versos traducidos con sus pertinentes subidas y bajadas de fade, mi ayudante, mientras y de manera discreta, no dejaba de trabajar tal que un rodillo mecĆ”nico de papiroflexia con el que iba proporcionando a los comensales cierto estado clarividente necesario para tal gesta, a esas horas no habĆ­a trĆ”nsito alguno del funcionariado enchufado de turno, asĆ­ que no habĆ­a lĆ­mites de tiempo, forma y pensamiento. Confieso que con una buena ecualización mi voz daba el pego. La situación, aquellas palabras, el crescendo de esta obra de arte del rock, junto con las puertas de la percepción abiertas de par en par me llevaron en aquel momento a un estado de lucidez que hasta ese momento nunca habĆ­a experimentado, sobre el significado poco puedo deciros, las teorĆ­as al respecto son numerosas y a cuĆ”l mĆ”s estrambótica, por poco que os esforcĆ©is encontrarĆ©is mil y un textos al respecto. Por lo que a mi concierne, esta letra me marcó, si es verdad que tiene entre sus versos una espiritualidad que escapa a la religión tradicional tal y como nos inculcaron, y supongo que eso cabrearĆ­a en su momento a todos los predicadores conservadores conspiranoicos de la AmĆ©rica profunda que con la siempre recurrente hipótesis del disco escuchado al revĆ©s creyeron oir mensajes satĆ”nicos, nosotros lo vimos claro aquella noche, la celebración de la propia vida, vivir el presente y nuestra humanidad, el derecho a equivocarnos porque nunca es tarde para cambiar tu camino, y tener siempre presente que nuestra verdad nunca es absoluta, verdades hay tantas como personas en este planeta. 

Aquella noche terminamos el coloquio a la salida del sol, felices y contentos, nos sentíamos especiales, los amos del cotarro después de haber subido aquella escalera al cielo. Poco después nos quitarían aquel dulce sueño de días de radio, pero siempre quedarÔ aquella noche muy presente en mi memoria, y por suerte con una banda sonora inmejorable, os dejo esta canción en su versión del fenomenal directo "The Songs Remains The Same", siempre la canción es la misma, pero nunca estÔ de mÔs escucharla una y otra vez.



Hay una dama que asegura que todo lo que brilla es oro,
y estĆ” comprando una escalera al cielo.
Cuando llegue, sabe que aunque las tiendas estĆ©n cerradas 
con una palabra podrĆ” conseguir todo lo que quiera.
Y estĆ” comprando una escalera al cielo.
hay unas seƱas en la pared,
pero quiere estar segura,
porque a veces las palabras suelen tener dos significados.
En un Ɣrbol junto a un arroyo hay un pƔjaro que canta.
A veces nuestros pensamientos estƔn llenos de dudas,
Oh, eso me hace pensar
Oh, eso me hace pensar
Tengo un pensamiento cuando miro al oeste
y mi espĆ­ritu anhela irse.
En mis pensamientos ha visto anillos de humo entre los Ɣrboles
y las voces de quienes miran,
Oh eso me hace pensar
Oh, eso me hace pensar.
Y se murmura que pronto si todos pedimos la canción,
el flautista nos conducirÔ a la razón,
Y un nuevo dĆ­a amanecerĆ”
para los que se hayan quedado
y los bosques resonarƔn con risas.
Si se agita tu arbusto, no te preocupes, 
es una limpieza para recibir a la reina de Mayo.
En verdad hay dos caminos que puedes seguir,
pero a la larga siempre estƔs a tiempo
de cambiar de camino y eso me hace pensar,
tu cabeza echa humo y no irĆ”,
por si no lo sabĆ­as, el flautista te llama a su lado,
Querida dama, ¿oyes como sopla el viento?
¿y sabĆ­as que tu escalera te posa en el viento murmurante?
Y mientras serpenteamos por el camino 
nuestras sombras mƔs altas que nuestras almas
camina una dama que todos conocemos.
Que brilla con luz blanca
y que quiere mostrarnos como todo se convierte en oro.
Y si escuchas atentamente, al final oirÔs la canción,
Cuando todos somos uno y uno es todo,
ser una roca y no moverse
Y estĆ” comprando una escalera al cielo.

Letra de L.M. AltisĆ©n (con alguna corrección) 
Free Rock Año I Nº7 350 ptas

Comentarios

  1. Una canción inmortal pero, que ni de lejos me parece la mejor de Led Zeppelin. La historia la conocía, pero gracias por añadir matices que desconocía, sobre todo musicales, grande Chals. Un abrazo.

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    1. Por supuesto, limitar la carrera a una mejor canción es de tontos, en la carrera de Led Zeppelin hay unas cuantas que considerar como mejores. Pero si es cierto que esta canción es la punta de lanza que nos descubrió a Led Zeppelin a la mayoría, puede que lo manoseada que estÔ a todos los niveles le haya quitado cierto valor, injustamente claro, y a excepción de los mÔs jóvenes por eso de que con la era digital la información nos sale por las orejas, todo el mundo sabe de todo. Saludos

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  2. Una cancion emblemÔtica. No la mejor de ellos pero que mÔs da es parte de la hsitoria de la música

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  3. No cabe discusión, todos tendremos nuestra favorita de los Led Zeppelin, pero en este caso hablamos un un clÔsico que lo seguirÔ siendo cuando ya no estemos aquí. Imagino mundos futuros en los que grupos de jóvenes queden alelados cuando escuchen las primeras notas del tema. Estupenda entrada, un placer leerte. Saludos

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  4. Grandioso homenaje (me ha encantado el rollaco) a una canción emblemÔtica, fundamental. Abraçada.

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  5. No soy para nada de Led Zeppelin salvo lo que puedo ser de numerosos artistas de los que he escuchado algunos discos sin poseer ninguno, y que uno inevitablemente no puede abstraerse de su magnífica y alargada sombra. Escuchó mÔs subconsciente doceañero en casa de mis cuñados, que ahora de adulto; algo conocimiento vano debí absorver , digo yo.
    Eso sĆ­, el texto me ha encantado por la narrativa y porque ningĆŗn recuerdo debe morir con nosotros sin ser compartido. Un saludo grande!!

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